El síndrome de las canciones pegadizas


¿Nunca le ha pasado que un melodía se le queda “pegada en la cabeza” y pese a estar harto de la misma musiquita, no puede hacer otra que repetirla hasta el cansancio?
Noventa y nueve de cada cien personas son susceptibles al síndrome de la canción pegadiza (earmworm o ‘gusano del oído’ en inglés), que implica que al escuchar ciertas melodías estas resuenan una y otra vez en la cabeza de manera incontrolada.
No se aflija, pues aquí le dejo esta pequeña guía para librarse de las melodías que se le pegan y no morir en el intento.

“La cancioncita de Mama me está matando!”, grita Josefina desde Facebook. “No puedo sacarme de la cabeza la canción de Lady Gaga. ¡Necesito ayuda, por favor!”, pide Mauricio desde su cuenta de Twitter. Se trata de típicos casos de lo que la ciencia llama “síndrome de la canción pegada” o de lo que en inglés se conoce popularmente como earworm, literalmente “gusano del oído”, pero realmente una derivación de la palabra alemana ohrwurm que significa “melodía pegadiza”. Los portugueses también tienen una expresión para este molesto fenómeno: chiclete de ouvido, es decir, “chicle auditivo”. En castellano sencillamente decimos “se me pegó un tema”, pero la imagen del gusano es bastante precisa: una cosita que repta en el cerebro y se queda ahí, cantando compulsivamente una melodía que preferiríamos olvidar.
Y preferiríamos olvidarla porque en general se nos pegan canciones que no nos gustan, que no nos importan, o que oímos al pasar: un jingle, lo que sintonizaban en el supermercado, incluso la canción que otra persona estaba tarareando. Ahora bien, es muy probable que esa persona tuviera ella misma una canción pegada, y aunque la ciencia sólo ha podido especular acerca del fenómeno, parece que cantar la melodía que no nos deja en paz ayuda a que se desprenda de nuestro cerebro. Y, como un virus, deja nuestro organismo para contagiar a otro.
Uno de los pioneros en el estudio de los earworms es el profesor James Kellaris, de la Universidad de Cincinnati. Cuando él realizó el estudio Dissecting Earworms: Further Evidence on the Song-Stuck-in-Your-Head Phenomenon, acababa de estrenarse la película Misión Imposible III, y puso su famosa pista en el Top 10 de los temas más pegadizos, junto a “I think we’re alone now”, de Tiffany y YMCA de Village People. Para Kellaris, el 99% de la humanidad ha tenido alguna vez un earworm. Fueron investigadores del Darmouth College de New Hampshire quienes descubrieron que estas canciones pegadizas se instalan en el córtex auditivo: una parte del cerebro que contiene la memoria sonora (algo así como nuestro iPod interno). Para eso, escanearon a un grupo de estudiantes a quienes hicieron escuchar música que conocían y la apagaron intermitentemente, sin avisarles. Pudieron ver que cuando se hacía silencio, el cerebro completaba la canción, es decir, el córtex era capaz de llenar el vacío apelando a la memoria auditiva. En cambio, cuando la canción les era desconocida, el cerebro no podía completarla, a menos que fuese bastante previsible (por ejemplo, en el caso de una estructura típicamente pop de verso-puente-estribillo). Lo que demostraron, básicamente, es que el cerebro tiene la necesidad natural de completar canciones.
Según el profesor James Kellaris, de la Universidad de Cincinnati en Estados Unidos, temas como Macarena de Los del Río, o aquellas viejas canciones de Rafaella Carrá, generan una “picazón cognitiva”.
“Una ‘picazón cognitiva’ es una metáfora que explica como estas canciones se nos quedan grabadas”, afirmó Kellaris. El científico explicó que era normal que cualquier persona en algún momento de su vida experimente este fenómeno.
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“Entre un 97% y un 99% de la población es susceptible al gusano del oído, pero alguna gente es más proclive que otra. A las mujeres les sucede más que a los hombres y también es más frecuente en los músicos”, explicó Kellaris.
La investigación resulta de particular interés tanto como para la industria musical como para los publicistas, quienes utilizan distintas melodías para promocionar sus productos.
“La clave está en la repetición” señaló Chris Smith, compositor de cortinas musicales, “si una canción tiene muchos elementos musicales y variaciones, no se asimila fácilmente”.
Y parece ser que hasta los grandes músicos sufrían este fenómeno.
Cuenta la leyenda que Mozart se enfurecía con sus hijos cuando tocaban una melodía en el piano y la dejaban inconclusa.
El músico bajaba de su habitación inmediatamente, se sentaba al piano y no se detenía hasta completar la canción.

¿POR QUÉ SE PEGAN?

A pesar de estos estudios, no se ha llegado a ninguna conclusión acerca de las causas que hacen que se nos pegue una determinada melodía. Es cierto que algunos temas son más “pegadizos” que otros, y son justamente esos temas los que se convierten en hits.

Según Kellaris, “los earworms surgirían de la interacción entre las propiedades mismas de la música (simple y repetitiva), las características del individuo (su nivel de neurosis) y el contexto situacional (si la canción es lo primero que escuchás a la mañana, o lo último que escuchaste a la noche, o si estás bajo estrés).”
Para Sergio, DJ argentino radicado en Barcelona, la cosa pasa por la intención expresa del músico. Cuenta que la última canción que se le pegó fue “I gotta feeling” de Black Eyed Peas: “y se pega porque es un producto perfecto de laboratorio, pensado por Black Eyed Peas y David Guetta precisamente para eso; es gente que sabe cómo vender.”

¿QUÉ HACER?

Alejandro tiene su propia receta: “Estuve todo un fin de semana tarareando “Route 66”, la versión de Pappo. Creo que se me pegó por la estructura: pocos tonos, repetitivos y la misma fórmula de estrofa-puente-estribillo. Para despegarla hay que conseguir una canción igualmente pegadiza, y si no se alejan por polaridad, se reemplazan una a la otra. En mi caso, “Funkytown” de Lipps Inc.”
Para Cristian, hay “grados de pegajosidad”. “El carnal de las estrellas” de Molotov se le despegó sola. En cambio una vez que escucha o simplemente recuerda “Macarena”, no se le va más. “Una buena forma de que se vayan es pensar en una canción más pegajosa, pero eso genera el problema de un pegote ad-infinitum.”
Según el portal de California Exploratorium hay que probar varias cosas: escuchar la canción en cuestión completa y aprenderse la letra (de esa manera el córtex no tendrá necesidad de completarla); intentar pegársela a otro silbándola o tarareándola, o ponerse a tocar (bien o mal) cualquier instrumento que uno tenga a mano.
El mundo 2.0 no se quedó atrás de la iniciativa de aliviar a los contagiados por este expansivo virus. El sitio EarWurm te propone compartir y contagiar canciones. Al entrar podrás escuchar el earworm del día y proponer el tuyo, sin necesidad de registrarte.
O podés hacer el mayor exorcismo de todos: tu propia canción. Al menos, eso fue lo que hizo Weird al Yancovic en ¿homenaje? a una de las canciones más cuadradas, pegajosas y populares de principios de los ‘90, “Achy Breaky Heart” de Billy Ray Cirus. La fantástica composición de Yancovic, casi un himno a los que padecen earworms, podés escucharla en este video:
¿Cuál es la canción que más te torturó en la vida?, y ¿Qué solución encontraste para quitarla de tu cabeza?

Fuente

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